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Error y aprendizaje: sin lo primero, no hay lo segundo

Al aprender todo se trata de equivocarse

Nuestro cerebro es una máquina de generación de modelos: tan pronto como despertamos por la mañana, comienza su trabajo de aprendizaje. Nuestro cerebro es curioso, le gusta aprender acerca de lo que nos rodea. De hecho, pareciera ser que mientras más sabe acerca de algo, mayor es su interés por saber un poco más. En otras palabras, nuestro cerebro es inquieto, no le gusta (o no puede) quedarse tranquilo. Incluso cuando intentamos acallar a nuestra mente mediante prácticas como la meditación o el mindfulness, no demoramos mucho tiempo en darnos cuenta de que es una tarea simplemente imposible de conseguir. Mientras estemos despiertos, nuestro cerebro estará procesando los estímulos que recibe a partir del entorno. La pregunta es: ¿qué tan relacionados están el error y el aprendizaje?

Entre modelos y predicciones

Cuando el cerebro genera un modelo acerca del mundo, comienza a elaborar predicciones sobre lo que ocurrirá a continuación. Entonces, no pasa mucho tiempo hasta que pone a prueba sus predicciones. Si las predicciones son verificadas, significa que el modelo es correcto; en cambio, si las predicciones son erróneas, el cerebro centra su foco en el error y actualiza el modelo generado. Es por eso que cuando alguien se ha hecho un nuevo peinado o lleva nuevas gafas, no tardamos demasiado en darnos cuenta. Tan pronto como detectamos que hay un elemento que no calza con nuestro modelo mental, la atención sobre las diferencias absorbe nuestros recursos mentales.

El aprendizaje está justificado neurológicamente

Sabiendo eso, estamos en condiciones de afirmar lo siguiente: el aprendizaje a través del error está justificado neurológicamente. Nuestro cerebro comprende el mundo que nos rodea mediante modelos, predicciones y errores. Lo interesante es que la posibilidad de elaborar modelos mentales no se limita a los objetos físicos; también podemos generarlos a partir de conceptos. A diferencia de los modelos de objetos físicos que nuestro cerebro genera, que solo tienen tres dimensiones, los modelos de conceptos pueden tener más.

El disponer de múltiples modelos mentales en la cabeza nos permite comprender mejor la realidad y desde una perspectiva más amplia. No queremos convertirnos en una persona con un martillo que solo ve clavos. Debemos intentar, en cambio, sumergirnos en un círculo virtuoso donde el aprendizaje sea cada vez más fácil.

Las personas aprendemos a partir de nuestros errores

Pese a que las equivocaciones durante el proceso de aprendizaje suelen verse como algo a evitar, las personas aprendemos cometiendo y corrigiendo nuestros errores. En el contexto de un proceso educativo formal, enmarcado en el fenómeno de la educación sistemática, es esperable y deseable que los errores formen parten del paisaje. Cometer errores es un componente esencial del aprendizaje efectivo. Como dice Lucy Crehan en su libro Cleverlands: «El error es la madre del éxito».

En virtud de ello, hay que tener en cuenta dos cosas. Primero, que los errores cometidos durante el proceso son aceptables y posiblemente benéficos siempre y cuando los estudiantes tengan la posibilidad de comprenderlos (es decir, darse cuenta de que los cometieron) y, posteriormente, llegar a la respuesta correcta o a la verdad. Y segundo, que mientras más alto sea el nivel de confianza del estudiante al cometer el error, mayor es la oportunidad de aprender.

La hipercorrección en psicología

El fenómeno enunciado en la frase anterior se conoce en psicología como hipercorrección y corresponde a la probabilidad más alta de corregir un error de conocimiento general cuando originalmente se tiene la certeza de que la información comprendida es precisa. La hipercorrección sugiere que cuando alguien recuerda erróneamente cierta información de conocimiento general y, luego de corregir su respuesta inicial aprende la versión correcta, su probabilidad de recordar esta información será mayor que la de alguien que no estaba seguro de su respuesta inicial.

Un dato curioso: una de las razones por que nuestro cerebro está constantemente recordándonos los errores que hemos cometido en el pasado (como esa vez que escupimos la comida sobre la mesa frente a toda la familia porque nos dio risa mientras tragábamos o esa vez que la bebida se nos escapó por la nariz frente a la persona que nos gustaba) es que quiere que no volvamos a cometerlos nuevamente. Bajo esa lógica, cometer un error y tener la oportunidad de corregirlo nos ayudaría a no volver a repetirlo en el futuro.

El error es un fenómeno deseable

El error se percibe como un efecto negativo e indeseable porque se cree que, así como en primer lugar ha sido cometido, será aprendido. Pensamos que una vez que hemos aprendido algo mal, esa idea se quedará instalada en nuestra memoria para siempre. Para que las personas sean receptivas respecto de la estrategias basadas en el aprendizaje a través del error es necesario cambiar su percepción respecto de este. El error en la práctica (con práctica me refiero al tiempo que el estudiante dedica al estudio individual) está lejos de ser algo negativo, es más bien todo lo contrario.

El estudiante debe entender que si no comete la cantidad suficiente de errores durante una jornada de estudio o si encuentra que todos los ejercicios que intenta resolver o todas las preguntas que se hace son demasiado fáciles, es porque está estudiando mal: probablemente no se está exponiendo a la clase correcta de desafíos. Ahora bien, ¿cómo saber cuándo nos enfrentamos a desafíos con un nivel adecuado de dificultad? Los desafíos que deben interesar al estudiante son aquellos que lo incitan a ir un poco más allá de su zona de confort, suficientemente difíciles como para mantenerse motivado, pero no demasiado como para terminar frustrado en el empeño.

Eliminar el error elimina el aprendizaje

Otro aspecto a considerar es que, por muy contrario a la intuición que pueda parecer, las manipulaciones que eliminan el error del proceso de aprendizaje a menudo terminan eliminando también el aprendizaje. Por ejemplo, cuando un estudiante se enfoca en una práctica de recuperación demasiado fácil con la intención de asegurar su éxito, los beneficios de dicha práctica tienden a ser nulos. Cuando uno está estudiando un tema determinado es natural sentirse inclinado a seguir practicando dentro de los márgenes de los contenidos o habilidades ya dominados. Sin embargo, esta estrategia solo nos da una falsa sensación de progreso. Ya lo dije en el párrafo anterior: no hay que dejarse llevar por la tentación de mantenerse al interior de los límites de nuestra zona de confort, hay que tomar esos límites y colocarlos cada vez un poco más afuera.

El aprendiz efectivo

Un aprendiz efectivo necesita involucrarse en actividades que fomenten el almacenamiento del nuevo conocimiento y el subsecuente acceso a esa información. Hay veces en que los conocimientos están perdidos en las marañas de la mente, solo que hemos perdido la ruta de acceso a ellos (de esto hablaremos en otra ocasión). Algunos pasos a tener en cuenta para conseguir un aprendizaje efectivo son:

  • Enfocarse en el significado de lo que se está aprendiendo. Por ejemplo, cuando leemos un libro no basta con juntar las letras y las sílabas para formar palabras en nuestra cabeza. El objetivo es comprender lo que el autor nos quiere transmitir, porque siempre hay un mensaje que va más allá de las palabras escritas.
  • Hacer conexiones entre los nuevos conceptos y los conceptos que ya se comprenden desde antes. Las relaciones entre los conceptos son fundamentales porque nuestro cerebro no genera un modelo único para cada objeto o concepto. Las distintas «piezas» que forman un modelo se encuentran desparramadas por los distintos confines de nuestro cerebro.
  • Organizar y planificar. Antes de ponerse a estudiar, antes de embarrarse las manos, es necesario decidir qué estrategia se usará para conseguir el objetivo de aprender el tema de estudio.
  • No tener miedo a los errores. El error y las dificultades son una oportunidad de aprendizaje importante que no se debe despreciar. Eliminar el error generalmente arrastra consigo la posibilidad de aprender.