Entrevista de un docente a sí mismo
Una conversación honesta en su contenido e imposible en su forma: preguntas y respuestas que desnudan, con ironía y humor, la cotidianidad del docente chileno.
Entrevistador: Buenas tardes.
Entrevistado (la misma persona, pero más cansada): Buenas serían si fuera viernes.
El entrevistador mira a su entrevistado por encima de las gafas.
Entrevistador: Comencemos sin rodeos. ¿Qué se siente tener en sus manos el futuro del país?
Entrevistado: Más liviano que ochenta pruebas por corregir un domingo en la noche.
Entrevistador: ¿No siente que esa responsabilidad lo aplasta?
Entrevistado: No tanto como la pila de pruebas. El futuro del país no se mide en kilogramos.
El entrevistado levanta la taza. Frente a él, el entrevistador replica el movimiento, como si la escena se repitiera sobre un espejo mal pulido.
Entrevistador: ¿Dónde encuentra fuerzas para seguir enseñando?
Entrevistado: En la sala de profesores. Ver los rostros de mis colegas después de una jornada de clases, escuchar sus relatos catárticos sobre la última travesura del alumno estrella del Octavo A y descubrir que todos soñamos con jubilarnos el fin de semana próximo… ¡Son factores de motivación insuperables!
El entrevistado se pregunta si la conversación durará tanto como una reunión de apoderados.
Entrevistador: Centrémonos en el proceso de enseñanza y aprendizaje. ¿Cuál es su etapa favorita?
Entrevistado: La de planificar, sin duda. Escribo alrededor de una página por minuto de clase. El texto resultante es tan detallado que más que una planificación parece un guion de telenovela turca.
El entrevistador hace un gesto solemne, como evaluando si aquello merece subtítulos en otro idioma.
Entrevistador: ¿Y cuánto de la planificación llega a materializarse?
Entrevistado: Se ve que nunca ha estado en un aula. Una clase reproduce de manera fiel lo que el profesor escribió en la planificación. Se cumple todo. Bueno… siempre que los estudiantes lleguen puntuales como soldados, no repitan la misma pregunta diecisiete veces y guarden un silencio monástico. En una palabra: nunca.
El silencio posterior parece confirmar que la planificación tiene más de ficción que de realidad. El entrevistador carraspea y continúa.
Entrevistador: Algunos dicen que enseñar se trata de vocación.
Entrevistado: La misma vocación del bombero que corre hacia un incendio: sabe que puede terminar en llamas, pero alguien tiene que sacrificarse en pos de un bien mayor.
El entrevistador pasa a la siguiente pregunta con rapidez, como anticipando que la metáfora podría volverse demasiado literal.
Entrevistador: Me imagino que esa vocación va acompañada de una remuneración justa, ¿no es así?
Entrevistado: Por supuesto. Me pagan lo suficiente para llegar a fin de mes… siempre y cuando sea un mes de quince días.
Entrevistador: ¿Qué me dice del equilibrio entre la vida personal y laboral?
Entrevistado: La vida personal comienza cuando termino de planificar a medianoche y dura hasta que suena la alarma a las seis de la mañana.
Entrevistador: ¿Y de las condiciones laborales?
Entrevistado: Llevo seis inviernos consecutivos enseñando trigonometría mientras esquivo las goteras de la sala del segundo medio e intento escribir sobre fragmentos de ejercicios que se resisten a ser borrados desde hace años. Si hay algo duradero en un colegio son las manchas de plumón en una pizarra desgastada.
El entrevistador aprovecha de limpiar las manchas de sus gafas. Los cristales tienen más huellas que una escena del crimen.
Entrevistador: ¿Cuál es el mayor desafío que enfrenta un docente?
Entrevistado: Explicar a un estudiante la importancia de resolver un sistema de ecuaciones lineales o usar las propiedades del logaritmo cuando lo único que quiere es jugar otra partida de Clash Royale.
El entrevistador saca su teléfono, mientras el entrevistado sospecha que no toma notas, sino que revisa si ya puede abrir el cofre diario.
Entrevistador: ¿Se siente apoyado por sus jefes directos?
Entrevistado: Sí, claro. Siempre me dicen que confían plenamente en mí. Sobre todo justo antes de encargarme algo más.
Entrevistador: Algunos profesores señalan que el verdadero problema se encuentra en la relación con los apoderados. ¿Está de acuerdo?
Entrevistado: En lo absoluto. De hecho, es probable que los apoderados sepan más de educación que un docente promedio. Por estos días, los videos de treinta segundos de TikTok son una excelente alternativa para formarse en cualquier área.
El entrevistador duda si reír o alarmarse y termina optando por rascarse una ceja.
Entrevistador: ¿Qué opina sobre las reuniones de apoderados?
Entrevistado: Son gratificantes. En la reunión de apoderados uno tiene la oportunidad de reflexionar en torno a los temas que realmente importan en educación: la definición de los premios de la rifa solidaria, la organización de la venta de empanadas en el bingo del centro de padres y la eterna persecución de los apoderados que deben las cuotas para el paseo de fin de año.
Entrevistador: ¿Qué lo motiva a seguir siendo profesor?
Entrevistado: La cara de ese estudiante que no prestó atención tres cuartas partes de la clase y te pide, casi al salir a recreo, que le expliques todo otra vez.
Silencio. Por primera vez en toda la conversación, el entrevistado sonríe. ¿Es momento de terminar la entrevista? Hace un amago de guardar la libreta, pero la vuelve a sacar. Todavía tiene preguntas importantes.
Entrevistador: ¿Qué opinión le merecen las nuevas políticas educativas?
Entrevistado: Con cada nueva política hay más papeles que llenar, informes adicionales que generar y menos tiempo para enseñar. Por eso uno recibe las noticias con tanta alegría.
Una pausa, como esperando aplausos de un público que no existe.
Entrevistador: Hablando de políticas educativas, ¿qué piensa de la evaluación docente?
Entrevistado: Creo que es el mejor reality show que se ha inventado. Un portafolio con la planificación de tres experiencias de aprendizaje que solo cobran vida en la imaginación del docente, una clase grabada más preparada que el discurso de un político en plena campaña electoral y un veredicto que parece sacado de Master Chef. Solo falta que mis estudiantes voten por SMS para eliminarme.
Entrevistador: Entonces, ¿sirve para algo la evaluación docente?
Entrevistado: ¡Por supuesto! Por un lado, desarrolla nuestra habilidad para escribir guiones teatrales y por otro, nos obliga a entrenar el carisma frente al espejo. Nadie quiere verse amargado frente a una cámara.
Entrevistador: ¿Cree que los estudiantes se dan cuenta?
Entrevistado: ¿Y cómo no, si de pronto una mañana el profesor lleva la camisa dentro del pantalón y se afeitó por primera vez en el semestre justo cuando hay un camarógrafo en el fondo de la sala?
Entrevistador: Entiendo. Con todo lo que ha dicho… ¿recomendaría a alguien estudiar pedagogía?
Entrevistado: Sí, especialmente a aquellos con la vocación de un mártir y la paciencia de Gandhi. De lo contrario, mejor dedicarse a la panadería: no hay tantas historias que contar, pero al menos la levadura siempre hace subir el pan.
El entrevistador se queda en silencio, preguntándose si es cierto que la levadura siempre hace subir el pan. Entonces, guarda su libreta definitivamente. Ha llegado la hora de terminar la entrevista.
Entrevistador: Gracias por la entrevista.
Entrevistado: Gracias a mí también. Ha sido un placer entrevistarme.